| Como narrar una historia de una casa llena de historias, como narrar una historia de una casa fincada del recuerdo, del pasado, del presente y del futuro, de una casa que ha escrito y labrado por si misma sus memorias en sus cimientos y hasta en la ultima teja en su tejado, plasmando en su esencia una a una sus momentos, inmersa en un firmamento mágico y natural de un Chiapas, repleto de grandezas, como narrar una historia de una casa situada en un lugar místico como lo es los Altos de Chiapas y San Cristóbal de las Casas, como narrar una historia de una casa en cuyo aire se respira el olor a selva lacandona, el aroma del incienso, a tierra viva, al olor de tierra mojada, de un color como el ocaso chiapaneco, o de un ocaso en el otoño, o del verde del retoño en primavera y del verano, o el melancólico del invierno chiapaneco, una casa que en su andar y en su camino han andado junto a ella, al lado de su historia, monarcas, mandatarios, mandantes y gente viva y ávida de un sueño, del sueño "Na Bolom" .
Como plasmar la tradición de una casa, amalgamada con el barro de la tierra chiapaneca y la juncia del ocote, lugar donde en el amanecer todavía huele al humo de la leña del fogón y a tierra de la selva, como narrar una historia de una casa que a servido de morada a miles de historias, sus historias, de una casa que desde su construcción quizá supo que en su destino albergaría a miles de huellas del Jaguar cuyos rastros se distinguirían más allá de las fronteras del tiempo y del espacio, de una casa en que brotan uno a uno los recuerdos, de una casa que por si misma cuenta en palabras mudas que resuenan con sonidos sus historias, ahora, en cada cimiento, en cada teja, en cada adobe, en cada columna, en cada pared, en cada laja, en cada puerta, en cada ventana, en cada habitación, en cada jardín y en cada pasillo "Na Bolom", la Casa del Jaguar, con su misión, con su visión y su legado deja su huella de sesenta años, no solo en México, en Chiapas, sino mas allá de las fronteras del tiempo y el espacio.
Hay que dejar que la casa por si misma cuenta su historia, ya que en cada una de su paginas, en cada testimonio inmerso en su esencia, en su estructura, en su espacio y en la tierra que finca su cimiento, deja ver en paginas que han escrito todos y cada uno de los que fincaron y fincan "Na Bolom, la Casa del jaguar", palabras vivas que cuentan mas allá de los recuerdos, de ese espacio de tierra que deja al descubrir una a una sus pisadas en la cimiente que fue y ha sido clara, Trudy y Frans, lo escrito, lo vivido |
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y lo hecho esta, sigue vivo en cuyos destinos como parte de una historia repleta de leyendas que en su momento de la vida fincaron juntos un destino, con México, con Chiapas y con San Cristóbal de las Casas, encriptado sutilmente con el tiempo en cada adobe de la historia de la casa, la cual huele a indigenismo.
En su espacio se respira el conservar, el promover y el exponer todo el patrimonio, todo el legado que dejaron Frans Blom y Gertrude Duby, en la casa del siglo, con sus salas del museo, con sus diferentes colecciones etnográficas, con la capilla que tiene muestras del virreinato colonial, la biblioteca que está especializada en la cultura maya, así como la colección de negativos y de fotografías y los miles de ejemplares que legaron, entre ellos los mapas realizados por Frans Blom y ahí el curso que fijaron los destinos encaminados y encrucijados entre Frans y Trudy cuya ruta del destino empezó en Dinamarca y Suiza, pero se fijó y se pinto con pinceles del tiempo en un lienzo de México, en Chiapas y San Cristóbal de las Casas, destino que marcó la historia de la casa que existe como testigo mudo del legado para Chiapas, dejen pues que les cuente una a una sus historias...
El día tres de Julio de 1950, entramos a vivir en nuestra casa, Na Bolom, y esta gran casa es nuestra, como la arreglaremos? Gertude Duby y Frans Blom...
En abril de 1940, hice la primera visita a las ruinas de Bonampak, y allí encontré algunos lacandones quienes viven no muy lejos de la antigua ciudad maya, les dije que dentro de cuatro o cinco lunas iba a volver Pancho Blom, y entonces les traía algunos regalos. Volví en septiembre del mismo año, era durante las lluvias más fuertes y un lacandón, quien no había visto durante mi primera visita, llegó a mi campamento preguntando por Pancho Balum, ¿y mis regalos? Ahora bien, en lengua de los lacandones, Blom, no tiene sentido alguno, pero Balum quiere decir tigre, y hoy en día esta gente de la selva me llama Pancho Balum. En Febrero de 1950 compré una casa en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Es una casa grande y todo el mundo la llamaba "La casa de Manuel Penagos", el nombre de la persona que había erigido la casa. Esto me enojó, y para cambiar este nombre establecido había que poner una seña o distintivo. Entonces me recordé de un alegre tigrito que camina sobre un friso esculpido en la antigua ciudad de Tula, entonces copie y mando mi dibujo a Oaxaca, donde se me hicieron un tigre de azulejos a colores. Este Tigre alegra ahora camina a cada lado de la entrada de mi casa, y como Balum en maya se cambia a Bolom su tzotzil la gente a empezado hablar de la casa del tigre o Na Bolom. (Pancho Balum o Frans Blom).
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