| Cuando se llega a determinada edad uno se replantea ciertas cosas, es decir, uno no tiene los mismos proyectos cuando cumple veinte que cuando cumple cuarenta años. Es más, quién no ha dicho después de llegar a cierta edad, ¿y si cambio de modo de ser, de pensar, de vestir, etcétera? Si uno se atreve a dar un golpe de timón muchas cosas -incluso cosas buenas- pueden suceder.
Esta reflexión viene a cuento porque en este año del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución, algún cambio notorio -para bien- deberíamos estar planeando ya los mexicanos.
¿Es válido aún el patriotismo acomodaticio del que siempre -más cuando traemos unas copas encima- hacemos gala?, ¿se vale refugiarnos todavía en esa trinchera del sarape y el sombrero con que se nos identifica en todo el mundo?, ¿no sería ya tiempo, luego de doscientos años de independencia y cien de revolución, de desmitificar de una vez por todas el chilar patrio y colocarlo en el contexto moderno del escenario mundial?
Los mexicanos, sucede, somos machos, muchos y mochos, nomás cuando nos conviene. Somos machos cuando alguien nos critica o nos ofende -como cuando los EE. UU. declaran que nosotros somos los culpables de tanta droga que entra por sus fronteras, como cuando un agente de la patrulla fronteriza mata un niño mexicano en territorio nacional o como cuando una fascista crea una ley como la SB-1070 en Arizona-, pero nomás somos puro jarabe de pico porque no hacemos nada ni, por ejemplo, les imponemos, en protesta, sanciones económicas a todos los productos norteamericanos que aquí se venden a puños. Somos muchos y remontoneros cuando juega la selección nacional de futbol, pero ni nos aparecemos cuando hay que defender nuestros derechos ciudadanos -votando cuando hay elecciones, por ejemplo-; y somos mochos porque adoramos a la virgen de Guadalupe -y hasta caminamos kilómetros de rodillas- pero no practicamos la caridad con los niños de la calle, los ancianos, etcétera. ¿No vendrá ya siendo tiempo de cambiar de programa en nuestro cerebro?
El nacionalismo podría entenderse como un concepto de identidad experimentado colectivamente por miembros de un gobierno, una nación, una sociedad o un territorio en particular. Los nacionalistas se esfuerzan en crear o sustentar una nación basada en varias nociones de legitimación política. Sucede, sin embargo, que esos preceptos deberían hacerse presentes en todas las circunstancias de la vida nacional y no sólo cuando se trata de hacer pachanga o ir a la cargada como borregos. Los mexicanos, como el |
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comercial baboso ese que dice "Tú eres el pueblo que dejó tu abuelo, la piñata que te cayó en la cabeza, el café con que te quemaste el chipo, el columpio que te rompió el pantalón, etcétera", somos muchas cosas pero nomás por costumbre. Vean si no; tuvimos un "priato" durante setenta años nomás por majes de no ir a votar y seguir la tradición revolucionaria; vamos todos los años a la Villa a ver a la virgencita para pedirle ayuda para alguna cosa que ya sabemos que no vamos a cumplir -ser buenos padres, esposos o hijos; dejar de tomar, dejar de ser infieles, etcétera- nomás por pura costumbre, y seguimos apoyando a la selección nacional de futbol a lo puro buey, porque siempre hacen el ridículo y porque si dejáramos de ver los partidos mediocres del campeonato nacional y de idolatrar a tipos como el tal Osorio y el Bofo Bautista -que ganan millones por hacer las babosadas que hacen-, no digo si no empezaban a jugar bien.
En este bicentenario y centenario de sucesos tan significativos, ser mexicano debería ser otra cosa diferente a la que hasta ahora ha sido. Un mexicano, hoy, no necesita una carabina 30-30 o un metate monumental en el lomo para reafirmarse como tal. Un mexicano ejemplar respeta a sus congéneres -sean pobres o ricos- y no menosprecia a sus indígenas, a sus mujeres y a sus ancianos; un mexicano trabaja todos los días, no les roba a sus hermanos ni los mata por droga, dinero o para quitarles su auto; un mexicano no tira basura, no evade impuestos, no vende piratería, no le echa el coche encima a los peatones ni lo estaciona encima de las banquetas. Un mexicano no tiene que morir envuelto en su bandera, nomás tiene que respetar lo que ésta representa. Un mexicano ya no puede disculparse con un tonto "Si hubiera parque no estarían ustedes aquí", porque el hubiera es la disculpa de los mediocres.
Hoy México debe tener mexicanos de a de veras, no tan heroicos como los que son capaces de aventar su espada en prenda e ir por ella, sino de los que hacen patria todos los días cumpliendo las normas y respetando a los demás, que también para eso hace falta valor y valores.
La pregunta más importante es: ¿Somos mexicanos de los de siempre o ya vamos a cambiar de canal?
Alejandro Hernández y Hernández
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