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| Desconfiar de las autoridades, la norma. |
| 27/07/2010 |
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| La impunidad ha sido un referente de la acción cotidiana de las administraciones públicas y privadas en nuestro país, impunidad que mezclada con altos niveles de corrupción, dan como resultado deformadas prácticas de muchos funcionarios y con ello, degradación evidente de la relación de los aparatos institucionales para con la sociedad.
La desconfianza respecto del entramado institucional no es casual y se justifica plenamente a la luz de hechos palpables de ineficiencia, sesgo y mala intención de los actos de múltiples instituciones.
La reciente nota de Durango, que desnuda los nichos de contubernio entre autoridades y grupos del crimen organizado, dando oportunidad al ejercicio grotesco de matanzas y actos delictivos de toda índole, es tan solo una más de las muestras de la descomposición existente, del nivel del problema en que se encuentra inmerso nuestro país.
Frente a gobiernos e instituciones que publicitan y difunden datos de una realidad distinta a la percepción mayoritaria, se encuentra un conjunto social en peligro permanente, pendiendo de un Estado que pareciera fallido, al operar en un marco de fragilidad indiscutible, rodeado del caos y escenarios nada favorables para la estabilidad.
La desconfianza, la indiferencia y la profundización del individualismo, como garantes de la inacción respecto de los problemas públicos; el terror ante los grupos de facto que dominan cada vez mayores espacios; el sentir de debilidad y abandono, todo como caldo de cultivo de problemas aún mayores ó acaso y ojala, de nuevos tiempos.
Mientras tanto, los días transcurren en una cotidianidad que vive de cerca la ineptitud corrupta de muchas maneras: están los que permiten asentamientos en zonas prohibidas, los que ofrecen, solicitan y aceptan una "mordida o diezmo", los que pagan o cobran obras públicas |
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inconclusas o de baja calidad, en fin, todos los que omiten el cumplimiento de sus responsabilidades públicas y privadas, modelando percepciones y trascendiendo en conductas "normales" que destrozan la calidad de nuestra convivencia.
Nada puede derrotar la aspiración legítima de que nuestro México logre vivir de manera distinta. Pese a los evidentes conflictos existentes, allí, en las mayorías sociales deben construirse las condiciones para revertir lo que se padece. Deben rescatarse y valorarse entonces, los signos de inconformidad social que logremos visualizar: un zócalo lleno en la ciudad de México que pese a todo demanda un cambio de rumbo; una sociedad veracruzana lastimada por el reciente cochinero electoral, reclama, contra todo, limpieza y contención al despilfarro, algunas sociedades que prefirieron con su voto, cambiar de color con la esperanza de mejorar, grupos ambientalistas que alertan sobre la urgente necesidad de reconsiderar modelos de relación con la naturaleza. En fin, que pese a lo sombrío, a la oscuridad, aun hay esperanzas.
La suma de los ideales y de los sueños que nos han querido quitar, ahí está, aunque relegada o acotada pero realmente existente. Apoyemos con nuestros actos, la lucha diaria de muchos que, convencidos de la necesidad de cambiar, dan la cara por compromisos distintos, asumiendo que más temprano que tarde dará frutos. Aclaremos que no todo está acabado, que el debate aún no termina, que la exigencia subsumida en el conjunto social, en cuadros sociales distintos a los prevalecientes, saldrán y buscarán su lugar, dando oportunidad a los cambios necesarios.
De la Bitácora de la Tía Queta
Alcanzó para comerse a los magistrados locales que rapidito legalizaron el cochinero; no sorprende, pero se abre más la herida social.
mquitanom@hotmail.com
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