Alma grande.
Ángel Álvaro Peña.
 

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PRI veracruzano en llamas
2017-01-11

El PRI en Veracruz debe mostrar una cara nueva para el 4 de junio. Debe ser un rostro que inspire confianza, tanto que deje atrás la desesperanza y pueda iniciar una nueva etapa en el partido, que cuente con el apoyo no sólo de los priistas de la entidad sino con el favor de los votantes.


Ese día, se renovarán los 212 ayuntamientos y el PRI no goza de muchas simpatías en ningún rincón del estado gracias a los excesos de una camarilla de amigos del ex gobernador Javier Duarte, que llevaran a la quiebra las finanzas del gobierno.


El PRI quedó desmantelado ante la percepción de los veracruzanos, pero sigue vivo como afirmara su dirigente, Felipe Amadeo Flores Espinosa, quien finalmente pudo separarse del cargo del que venía renunciando reiteradamente desde la víspera de la elección para renovar gobernador.


Flores Espinosa previó la derrota del PRI desde meses antes de las elecciones donde resultó ganador Miguel Ángel Yunes del PAN. Le presentó la renuncia a Manlio Fabio como dirigente estatal del tricolor, y el sonorense le pidió que esperara el desenlace del proceso electoral. Una vez confirmada la derrota de su partido, sumó al desencanto personal la disciplina institucional y volvió intentarlo, con el nuevo dirigente nacional de su partido, el gris Enrique Ochoa Reza, quien también la rechazó.


Así, el PRI veracruzano mantenía un líder que quería dejar de serlo, por dignidad ante la derrota y responsabilidad ante el futuro.


Habló Flores Espinosa fuerte y claro que se retiraba de la dirigencia estatal del PRI porque no puede trabajar con grupos y mafias corruptas y deshonestas, “yo no puedo estar ahí, yo no puedo trabajar con ellos, porque yo siempre he estado en contra de la deshonestidad, en contra de la corrupción”.


La verdad es que hay personajes enquistados en la cúpula estatal del partido que impiden su movilidad por intereses propios o por simple capricho.


Hay cientos de cuadros que pueden servir de puente para que en estas elecciones de junio, el partido empiece a recuperarse y en 2018, creando afinidades con dos punteros en el proceso electoral que ahora sí pudieran llevar al PRI al triunfo en la gubernatura: Héctor Yunes, quien fue víctima del voto de castigo, pero no del rechazo consciente de los veracruzanos, y José Yunes, quien es un cuadro que conoce el estado como la palma de su mano y ha venido trabajando con la solidez de un verdadero político.


Así, la cúpula del PRI en Veracruz debe no sólo tener un rostro nuevo y limpio, sino un proyecto congruente y audaz que pueda hacerlo surgir de sus cenizas.


Este dirigente podría ser una mujer, una verdadera dama, de conducta intachable, que hay muchas en el PRI de Veracruz, pero sólo las utilizan en el estado para llevar gente a los eventos de campaña, porque saben que cuentan con una gran capacidad de convocatoria, y que en momentos de crisis saben ellas cómo sortear el destino y darle un giro al futuro del instituto político.


La decisión debe ser de los priistas veracruzanos, no puede llegar de Xalapa, ni de la ciudad de México, donde gobierna el partido uno de los dirigentes priístas que menos saben de política.


El PRI en Veracruz pareciera estar raptado por un grupo de añejos conservadores que sacrifican el triunfo electoral a cambio de canonjías personales. De tal manera, que el grupo de burócratas, ligado a los dos últimos gobernadores, tienen al PRI como su rehén personal.


Por otra parte, la improvisación que caracteriza a Ochoa Reza, mostró su máxima expresión al tratar de aplicar una aspirina a un tumor canceroso al nombrar a Lorena Martínez Rodríguez, candidata por el PRI para la gubernatura de Aguascalientes, quedando en segundo lugar frente a Martín Orozco Sandoval, como delegada del tricolor. Es decir, para disminuir la fuerza de un PRI estatal agonizante, el líder nacional envía una candidata perdedora.


Es cuestión de horas el nombramiento del nuevo dirigente estatal del PRI en Veracruz, el temor principal es que se trate de un alfil de Fidel Herrera o de Javier Duarte, porque en el caso del primero quiere que su hijo, el militante del Partido Verde Ecologista, Javier Herrera Borunda, quien es diputado federal y carece de capacidad hasta para hablar en público, y de la posibilidad de caer bien al electorado, sea gobernador, pero como es hijo de papi, y papi se cree dueño del PRI estatal y del estado, querrán colocar a su gente para que el junior sirva de Caballo de Troya a los intereses de los Herrera Borunda, quienes ya han hecho demasiado daño al partido y al estado.


En febrero se abre la convocatoria para que quienes se consideren con las posibilidades de triunfar en las elecciones para renovar a las 212 presidencias


municipales se inscriban y pueda existir una selección más o menos democrática, según los cánones del tricolor, que debe también renovar la manera en que se eligen candidatos, si es que quiere recuperar el terreno perdido, no sólo en Veracruz sino en todo el país.


El perfil del nuevo dirigente no sólo debe ser limpio y brillante, sino proclive a las tendencias que el propio partido ha mostrado de manera natural en la personalidad de los senadores José Yunes y Héctor Yunes, quienes ahora podrían realizar campañas de proselitismo sin la amenaza de un voto obligado para otros partidos, donde se castigaba a Javier Duarte ante la imposibilidad de que su propio partido le impusiera una sanción ejemplar.


En realidad el PRI es ahora oposición en Veracruz por la culpa de Fidel Herrera y su incondicional Javier Duarte.


Ahora quieren ellos mismos imponer a los candidatos en las presidencias municipales para este año, y al candidato a la gubernatura en 2018.


El PRI nacional ha permitido muchos excesos que crean el desencanto entre el electorado, como es el caso de quienes en su momento encabezaban las cámaras, uno la de diputados y el otro de senadores, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón, personajes que imponen a sus hijos y parientes cercanos como legisladores, aunque sea de otro partido.


Pero detrás de toda esta secuela de intereses, vienen en la comparsa de una comedia indignante los legisladores federales y locales cómplices de Fidel y de Javier, y que ahora lejos de bajar su perfil, sacan la cabeza del agujero para influir en la decisión de las candidaturas de éste y el próximo año.


Desde Jorge Carvallo hasta Beto Silva, pasando por Tarek Abdalá, Vicente Benítez y Erick Lagos, quieren tener injerencia en la postulación.


Es decir, los delincuentes de la política veracruzana quieren seguir utilizando a sus incondicionales para obtener espacios, aunque éstos no sean electorales sino puentes de impunidad que les sigan garantizando la libertad y la posibilidad de seguir robando. No tienen llenadera.


La elección de él o la dirigente del PRI en Veracruz es crucial no sólo para el partido sino para el estado y la buena salud de la política nacional… Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.


 


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