Para quienes no crean en la teoría de que Cervantes estuvo en América, se relacionan a continuación otras palabras de el Quijote que muchos consideran americanismos.
Con D recoge derrengado, como si lo hiciera un campesino de los Andes cuando tiene dolor de los riñones y menciona la dulzaina, instrumento de viento de tonos altos.
Con G se refiere a los gozques, perros pequeños, que en América son de razas mezcladas: lo que en España se denomina chuchos.
Con J aparece jerigonza, un lenguaje enrevesado y hermético que hablan por ciertos grupos de personas; con L, luego, muy empleado en México, que es todo lo contrario: de inmediato.
La M llega con dulce, con el manjar blanco, que actualmente tiene leche y azúcar, aunque en tiempos de Cervantes obedecía a otro tipo de receta. Habla también del motilón, que es el fraile cuya cabeza ha sido rapada. De allí vienen los motilones, indios que vivían en la frontera entre Colombia y Venezuela, así denominados hasta hoy por su corte de pelo en forma de casquete. La M incluye a la mona, familiar por borrachera, y al tufo, que es el olor a licor que permanece en la boca de quien se agarró una mona.
Con P incluye de palo cuando quiere decir de madera y recoge pasito, cuando quiere decir en voz baja. Como en América. Y como en América, se refiere a los pucheritos cuando un niño hace los típicos gestos que terminan en llanto.
El tal viaje subrepticio de Cervantes a América es, por supuesto, una teoría divertida, pero nada más que eso. La presencia de supuestos americanismos en el Quijote obedece a palabras que fueron de uso en los siglos anteriores al XVII (recordemos que la obra ya procura imitar el habla arcaica) y que, olvidadas en España, se preservaron en el Nuevo Continente y adquirieron una curiosa carta de ciudadanía regional.
*Artículo compartido a El PortalVoz por parte del Instituto Cervantes. Foto: Pixabay. Licencia Creative Commons.
Daniel Samper Pizano
Rinconete
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(Crestomatía) |