Sin tacto.

Todos son inocentes
Por: Sergio González Levet.
2026-05-12

Dice una conseja popular que todos los presos que permanecen en las prisiones de México son inocentes. Y es así porque cualquier recluso manifiesta a la menor provocación que no es verdadero el delito que le atribuyen las autoridades y la sociedad.


[El único recluido que conocí que se confesaba culpable era un individuo de Oaxaca que purgaba su castigo en la cárcel de Misantla. Reconocía que había cometido un homicidio, pero afirmaba que se estaba cometiendo con él una injusticia. “Mire, señor, reconozco que sí maté al policía ése de mi pueblo, pero es que ya me tenía harto de que andaba atrás de mi mujer. Se lo advertí varias veces, pero la siguió molestando hasta que día le sorrajé un balazo entre ojo y ojo. Me metieron a prisión por eso, y está bien, ya llevo ocho meses encerrado… pero es una injusticia, señor, porque yo considero que un policía, pues ¡con seis meses de cárcel ya está pagado!”].


Pero si todos los que están presos son inocentes, los gobiernos de la Cuarta Transformación han inaugurado la modalidad de que ahora son inocentes también todos los que están fuera de la cárcel. La nomenklatura morenista se ha convertido en una larga relación de no culpables (“Not guilty”, como les dicen en los juzgados gringos).


Mire usted nomás (o “mira tú nomás”, según quien lo lea) la cantidad de personajes que según el lopezobradorismo merecen la justicia y gracia juarista:


Es inocente el gobernador Rubén Rocha Moya, y también lo son el senador Enrique Inzunza Cázarez, el alcalde de Culiacán Juan de Dios Gámez Mendívil y los otros siete colaboradores de Rocha acusados por una corte federal de Distrito de los Estados Unidos. Y debemos creerlo porque la Presidenta ha repetido hasta


el infinito que el Gobierno yanqui no ha presentado pruebas, pruebas, pruebas en contra de ellos.


Son inocentes igualmente el contralmirante Fernando Farías Laguna y su hermano el vicealmirante Manuel Roberto de los mismos apellidos, sobrinos políticos de quien fue Secretario de Marina en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, acusados según ellos injustamente de ser los operadores del huachicol fiscal, que le robó a la hacienda pública 600 mil millones de pesos.


En ese caso, es inocentísimo el tío almirante José Rafael Ojeda Durán (xalapeño por cierto, lo que produce un orgullo inverso a los nacidos en la hermosa capital de Veracruz), quien ni siquiera ha sido mancillado con el velo de la sospecha más transparente, y permanece fuera de toda investigación, siguiendo las instrucciones del patriarca macuspano.


Y también son inmaculados para la justicia mexicana el hermano Adán Augusto López Hernández y con él la senadora impoluta Andrea Chávez. Igualmente lo son los miembros de la vasta progenie de los Monreal en Zacatecas, el viajero frecuente Gerardo Fernández Noroña, todos los funcionarios corruptos que pululan en los tres niveles de gobierno guindas, y los operadores políticos que se roban elecciones.


Bueno, hasta los delincuentes organizados son unas blancas palomitas para la ley mexicana.


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