Según su testimonio, hubo oferta de ayuda… con precio. Sin dinero, no hubo gestión. Sin gestión, sólo quedó esperar.
El caso es aún más delicado: por no cumplir dos años de servicio, ya no puede tramitar más incapacidades, le descuentan salario y su salud sigue en pausa burocrática.
¿Desde cuándo enfermarse es un lujo? ¿Desde cuándo un sindicato cobra por cumplir su función?
Una historia que no sólo habla de salud, sino de sindicalismo selectivo, trámites crueles y silencio institucional.
La nota completa es de Irineo Pérez Melo, en la que expone los detalles que incomodan. Vale la pena leer la nota completa aquí. |