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SHEINBAUM BIEN: SU EQUIPO POLÍTICO, UN DESASTRE.

Sheinbaum entendió el costo político y tomó distancia institucional; Morena no entendió la línea y terminó abrazando la narrativa opositora.

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Francisco Licona
2026-05-02  
15:16

El problema para MORENA no fue la acusación contra el gobernador Rubén Rocha Moya. El verdadero problema fue político, y lo provocaron ellos mismos.


Porque jurídicamente como lo señalé aquí oportunamente, una acusación no equivale a una sentencia. Pero políticamente sí genera narrativas, sospechas y costos políticos muy altos. La defensa anacrónica pegó más que la filtración de USA.


Y ahí fue donde se enredaron solos.


El primero en cometer el error fue Rocha Moya al convertir un señalamiento personal en un ataque contra la 4T. Después vino el coro completo de Morena: dirigentes, legisladores y operadores salieron a defender no solo al gobernador, sino al movimiento entero.


Y así construyeron exactamente la narrativa que la oposición necesitaba: “Si Rocha dice que el ataque es contra Morena… entonces Morena carga el problema”.


Lo curioso es que la presidenta Claudia Sheinbaum sí entendió el tamaño del riesgo político y lo enfrentó con una postura fría, institucional y quirúrgica: “Nosotros no vamos a cubrir a nadie que haya cometido un delito”.


Ahí estaba la línea que sus operadores y la clase política guinda no la entendió y terminó haciendo lo contrario: abrazó el problema, personalizó la defensa y convirtió un caso delicado en bandera partidista.


Es decir. Sheinbaum entendió el costo político y tomó distancia institucional; Morena no entendió la línea y terminó abrazando el problema.


Por eso el tema ya dejó de ser solo jurídico. Ahora es desgaste político rumbo al 2027 y 2030.


Y justo ahí entra el interesante paralelo que plantea Yuriria Sierra hoy en Excélsior: mientras Lázaro Cárdenas -1935- tomó distancia de Calles para fortalecer su poder, Ernesto Samper -1995- en Colombia decidió defender lo indefendible… y terminó arrastrando a su gobierno.


No son casos iguales, pero sí dejan una lección común: cuando el poder confunde lealtad con encubrimiento, el fuego político termina alcanzando a todos.


Y quizá por eso Sheinbaum decidió un camino diferente a Cárdenas y a Samper. Su propio estilo, su propia marca.  


La pregunta es si su partido lo entendió… o ya es demasiado tarde.


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