El respaldo ciudadano, dicen los analistas, viene de una mezcla poco glamorosa pero eficaz: reducción de deuda, inversión, apoyo a emprendedores, medicinas que sí llegan y obras públicas que, milagro mayor, se terminan. No hay épica, pero hay gestión. Y en tiempos donde la épica ya cansa, eso pesa.
Ahora, lo interesante no está solo en Veracruz. Está en el Altiplano Político, donde se empiezan a mover las fichas grandes. La posible salida de Rosa Icela Rodríguez de la Secretaría de Gobernación, rumbo a una candidatura en San Luis Potosí, abre un hueco que no cualquiera puede ocupar. Gobernación no es un premio de consolación: es el corazón del control político interno. Y ahí es donde Nahle empieza a aparecer en los radares serios.
Si ese movimiento se concreta, el mensaje sería claro: Rocío Nahle deja de ser una gobernadora bien evaluada para convertirse en pieza nacional. Y a partir de ahí, el calendario empieza a hablar solo. Porque toda secretaria de Gobernación bien plantada se vuelve, automática e inevitablemente, nombre para el 2030.
¿Significa que ya es la sucesora de Claudia Sheinbaum? No. La política no se escribe en línea recta. Pero sí significa que Nahle ya está en la conversación donde se decide el futuro, no solo el presente.
Lo malvado del asunto es éste: Rocío Nahle no necesita decir que va por más. Le basta con seguir haciendo bien su trabajo… y dejar que los demás se pongan nerviosos. Porque en México, cuando alguien avanza sin hacer ruido, es cuando más ruido provoca.
Y eso, en el Altiplano Político, nunca pasa desapercibido.
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