Crear un censo de periodistas en uno de los estados más golpeados (desde varios sexenios atrás), por el acoso, extorsión, violencia y asesinato se antoja necesario, pero su configuración podría quedarse en mera utopía.
Y es que la creación de este censo no debería ser motivo para limitar la libertad de expresión, pues se reconozca o no a alguien (o a un grupo de personas) como periodistas, estos podrán seguir ejerciendo la actividad de comunicar sin dejar de ser escuchados o leídos.
El censo, insisto, en estricto sentido, no tendría por qué generar censura si los censados no se autocensuran. Un censo no es, por definición, un padrón de medios, y ni éstos deberían sentirse coartados, pues la actividad de difusión no vende (o no debería vender), criterios o puntos de vista.
Autocensurarse es, por definición y naturaleza, responsabilidad del medio o persona, y no del aparato que ejerce el poder. El asunto será que probablemente buena parte de los periodistas en Veracruz no deseen participar en el censo, y eso también comunicaría un mensaje.
También resultaría un dilema buscar colocar en un censo de periodistas (de manera clara) a influencers, opinólogos y demás expresiones convergentes de la comunicación. Quizá deberían (para ello), crearse más censos en el afán de fomentar la claridad.
¿Es periodista únicamente el que estudió periodismo?, ¿es diseñador solo el que estudió diseño?, ¿y los muy talentosos comunicadores que se hicieron en la práctica, en el empirismo o que vienen de otra profesión?
No sería descabellado pensar que el censo, si se hace, acabe enfrentando (aún más) al mismo periodismo veracruzano con sus puntos de vista, aunque la idea haya surgido del propio gremio en el estado.
Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
X: @aaguirre_g
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