Es mi pienso.
Jesús Castañeda Nevárez.
 

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El Grito no admite transformación
2026-09-17

Hay momentos solemnes que no admiten mezclas, pues intentar revolver la gimnasia con la magnesia termina por arruinar ambas cosas.


El Grito de Dolores ha sido, históricamente, el momento de mayor comunión e identidad para las y los mexicanos. Una fecha de fiesta y conmemoración en la que, al menos por una noche, las diferencias políticas y sociales se dejan en la puerta para centrar toda la energía en un solo motivo compartido: la libertad y la independencia de nuestra nación.


Es el tributo al esfuerzo y sacrificio de hombres y mujeres que levantaron la voz, tomaron las armas y arriesgaron la vida para dejar el legado a las siguientes generaciones de una patria libre y soberana.


Por décadas, los nombres de esos héroes resonaron en el balcón principal y fueron vitoreados por un pueblo unido en reconocimiento y gratitud. Sin embargo, en los últimos tiempos hemos sido testigos de una desatinada práctica: apoyándose en la voz que les concede su encargo constitucional, algunos gobernantes han optado por agregar consignas y nombres ajenos a la gesta que nos convoca, encajando banderas políticas, ideológicas o partidistas del presente. Con ello degradan el sentido profundo de la ceremonia, convierten un acto de unidad nacional en un espacio de polarización, empañan el fervor patrio y distorsionan la memoria histórica que deberíamos legar intacta a las nuevas generaciones.


Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Juan Aldama, José María Morelos, Josefa Ortiz de Domínguez, Ignacio López Rayón, Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, Francisco Xavier Mina, Agustín de Iturbide y Leona Vicario son las figuras emblemáticas de nuestra independencia. Ninguno de los actores políticos de la actualidad había nacido en aquella época; y el estandarte que enarboló el cura Hidalgo llevaba una imagen religiosa, jamás el logotipo ni la consigna de un partido político.


Defender la soberanía nacional ante cualquier intromisión extranjera es una causa legítima y permanente de todos los mexicanos. Pero la plaza pública durante la Noche de la Independencia exige respeto a su propia naturaleza.


El pueblo celebra el inicio de la gesta libertadora y honra a quienes nos dieron patria; por ello, mantener la conmemoración limpia de elementos coyunturales no es solo un acto de rigor histórico, sino la mejor manera de preservar el único espacio donde todas y todos volvemos a encontrarnos bajo una misma bandera, la que tiene en el centro el Escudo Nacional, símbolo de la unidad de nuestros padres y nuestros hermanos.

 
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