Sostuvo abiertamente: “Cuando yo hablo de narco-políticos, hablo de todos”. Aclaró que sus señalamientos sobre la injerencia de la delincuencia organizada no exceptúan al PRI ni a Morena, algo que no podría negar quien conoce a los políticos.
Manifestó que personas del ámbito político le han admitido de forma directa mantener relaciones o vínculos con grupos del narcotráfico.
Aseguró que esta postura la convierte en una figura “incómoda hasta para los propios políticos de mi partido”, y que su único compromiso real es defender a los ciudadanos de Sinaloa, sin encubrir a nadie.
Sin nombres, sin pruebas y sin denuncias ante la FGR
Lo que debe incomodar a más de un político vestido de cordero y con fuero constitucional es que la senadora hizo esas declaraciones de manera genérica y en discursos públicos. Hasta el momento, Sánchez Ramos no ha precisado identidades ni ha presentado pruebas o denuncias formales ante la Fiscalía General de la República (FGR) que sustenten sus dichos de manera legal.
Y quizá Paloma se haya metido en un verdadero brete, pues, según la ley, tendrá que denunciar ante las autoridades lo que dijo saber.
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