La posibilidad de que Ariadna Montiel busque la presidencia nacional de Morena abre una nueva disputa dentro del partido gobernante. Morena ya no enfrenta el reto de conquistar el poder, sino de administrarlo sin fracturarse. Y ahí está el verdadero desafío.
La dirigencia nacional del partido será clave para definir candidaturas, alianzas, disciplina interna y, sobre todo, la relación entre el partido y el gobierno. No es un cargo decorativo; es una posición de control político real. Por eso, la llegada de Ariadna a esa contienda significa que Sheinbaum busca también fortalecer su propio equilibrio interno dentro del movimiento.
En paralelo, la llegada de Leticia Ramírez Amaya a la Secretaría del Bienestar tampoco parece improvisada. Su trayectoria en educación, atención ciudadana y operación gubernamental la coloca como una figura de absoluta confianza dentro del círculo presidencial. No llega una improvisada, sino una operadora institucional con experiencia en la estructura federal.
El mensaje de Sheinbaum fue claro: los programas sociales continuarán y seguirán siendo derechos constitucionales. Esa aclaración no es casual. En México, cualquier cambio en Bienestar genera incertidumbre social inmediata. La estabilidad política también depende de la certeza de esos apoyos.
Sin embargo, el verdadero fondo está en otro lado: Morena comienza a vivir la transición de partido-movimiento a partido-gobierno permanente. Y esa transformación suele ser más difícil que ganar elecciones.
Ariadna Montiel representa una generación de cuadros formados en la lealtad obradorista pura. Leticia Ramírez simboliza la continuidad administrativa del nuevo gobierno. Entre ambas decisiones se dibuja una estrategia: preservar la estructura social mientras se reorganiza el poder político.
La pregunta no es si Ariadna ganará Morena, sino qué tipo de Morena surgirá después de esa batalla interna.
Porque cuando el poder deja de pelear contra la oposición, inevitablemente comienza a pelear consigo mismo. Está columna se publica los lunes, miércoles y viernes.
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